Dos mujeres marrones se devuelven, a la vista del público, el gesto de cuidado más íntimo que recuerdan: el baño en la palangana donde de niñas aprendieron que ser tocadas podía no doler. Una pieza sobre la ternura radical entre cuerpos racializados, y sobre la incomodidad que ese afecto, cuando se alarga, despierta en quien mira. La pieza no explica ese fenómeno: lo activa, lo deja ocurrir y luego pregunta.

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